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Fantasmas y juegos de rol (parte 2 de 3)

(1ª parte del artículo)


LOS FANTASMAS EN LA LITERATURA

No puede hablarse de la presencia fantasmal en la literatura sin mencionar su importancia en el relato oral, a menudo como supuestos testimonios reales del orador o de un conocido y que son transmitidos en círculos familiares y de amigos.

Dentro de la literatura escrita, las historias de fantasmas a menudo constituyen relatos breves, encuadrados en el género de terror, aunque no necesariamente, pues la figura fantasmal también puede ser utilizada como elemento cómico, trágico o pedagógico.

Puede decirse que al proceder de un elemento tan cotidiano como la preocupación por la vida más allá de la muerte, las historias sobre espíritus fantasmales se encuentran asociadas a los inicios de la literatura escrita. Los diversos panteones mitológicos contaban y cuentan con divinidades que administran el reino de la muerte, así como descripciones de los mundos habitados por los muertos y los medios por los que pueden regresar al mundo de los vivos.

Más allá de la literatura religiosa, ya en la Antigua Grecia los fantasmas aparecen en las obras del autor Esquilo. Los autores romanos como Petronio, también incluyeron relatos sobre fantasmas, pero muy a menudo se trata de figuras secundarias, parte de la trama que de alguna forma lleva al protagonista a relacionarse con la muerte.

Ya en el medioevo, los cuentos de fantasmas aparecen en muchas recopilaciones de relatos muy diversos. En el Decamerón de Boccacio se cuenta la “Historia de Nastagio”, donde el protagonista se encuentra con el espíritu de un amante desdeñado que se ve obligado a perseguir al fantasma de la mujer a la que amó en vida y cuyo rechazo provocó su muerte. Las Mil y una Noches también cuentan con la presencia fantasmal entre sus historias.

Aunque extendidas por las tradiciones literarias de todo el mundo, las historias de fantasmas alcanzan un gran desarrollo en la literatura anglosajona, donde la “ghost story” constituye todo un género propio, y a menudo asociado por extensión a los relatos de terror en general. Entre las historias más conocidas se encuentran los fantasmas de las obras teatrales de William Shakespeare, como el padre del Príncipe “Hamlet”, que instiga a su hijo para que investigue su muerte y mate al usurpador que se ha apoderado del trono. En “Macbeth” el noble Banquo regresa como fantasma para atormentar como fantasma al causante de su muerte.

La “ghost story” alcanza su máximo desarrollo con el género gótico, iniciado a finales del siglo XVIII. Una de las principales historias fantasmales es “El castillo de Otranto” (1764) de Horace Walpole. En 1820 Washington Irving presenta “La leyenda de Sleepy Hollow”, basada en un cuento alemán, donde aparece el Jinete sin Cabeza, cuya presencia cinematográfica ha extendido su popularidad por todo el mundo.

Sheridan Le Fanu es posiblemente uno de los autores más importantes del género fantasmal, y a mediados del siglo XIX, aunque continúa introduciendo elementos góticos como maldiciones, víctimas condenadas y el destino, como sus predecesores, comienza a introducir escenarios más contemporáneos y cotidianos. Entre sus historias destaca “Té Verde”.

Pero sin duda la historia de fantasmas más conocida y popularizada no sólo por la literatura sino también por sus sucesivas adaptaciones teatrales, cinematográficas y televisivas es “Canción de Navidad” de Charles Dickens, una historia con moraleja en la que el avaro y gruñón Ebenezer Scrooge es visitado por el fantasma de su socio Jacob Marley y posteriormente por tres espíritus del pasado, presente y futuro que tratan de convencerle para que cambie su forma de vida. Charles Dickens también escribió otras historias de fantasmas menos conocidas como “The Signalman”.

A finales del siglo XIX Oscar Wilde visita el género fantasmal en tono cómico con el relato “El fantasma de Canterville”, en la que el espíritu de una mansión se enfrenta a una familia que pretende perturbar su paz, pero a través de la hija conseguirá alcanzar la salvación que le ha eludido hasta el momento. Ya en el siglo XX Walter de la Mare y Robert Aickman son dos de los autores más destacados del género fantasmal. De la Mare ofrece relatos poéticos en su obra, mientras Aickman dota sus relatos de un estilo más oscuro, siniestro y psicológico.

Aparte de estos autores destacados en el mundo anglosajón puede decirse que los fantasmas han sido y son una figura muy recurrente en la literatura de terror. Durante el período romántico, la casa, mansión o castillo encantado se convierte en un escenario habitual en la literatura de la época, y no sólo en el mundo anglosajón. En España Gustavo Adolfo Bécquer introduce elementos fantasmales en varias de sus “Leyendas”, como por ejemplo “El monte de las ánimas”, donde un caballero, empujado por el capricho de una dama, se adentra en plena noche en un lugar maldito con nefastas consecuencias.

Más allá del período romántico, los fantasmas terminan convirtiéndose en una figura habitual y recurrente en la literatura de terror del siglo XIX y XX, utilizada por autores de renombre como Edgar Allan Poe, H. P. Lovecraft o Stephen King. Los escenarios románticos y victorianos de las historias fantasmales terminan trasladándose a otros lugares y épocas para dar un aspecto más realista a las sucesivas generaciones de lectores.

Más allá de la literatura occidental, la literatura oriental también dispone de una rica tradición propia de historias fantasmales, algunas de las cuales fueron traducidas ya durante el siglo XIX, como la colección de cuentos japoneses “Kwaidan”, de Lafcadio Hearn. El reciente auge del cine de terror japonés también ha vuelto a popularizar las historias de fantasmas en ese país, no sólo en la literatura, sino también en otros ámbitos como el cómic manga.

Por último, más allá de la ficción literaria, los fantasmas han generado la aparición de numerosas publicaciones y obras pseudocientíficas que a menudo recopilan casos y testimonios reales, y que a menudo constituyen una inquietante y amena lectura, así como la fuente de inspiración de numerosos relatos.


LOS FANTASMAS EN EL CINE Y LA TELEVISIÓN

Como no podía ser de otra forma, la figura de los fantasmas también aparece en el cine de terror de sus orígenes. Los primeros efectos especiales ya capturaron la esencia de las casas encantadas, pero frente al surgimiento de otros “monstruos” como vampiros y hombres lobo, los fantasmas a menudo quedaron en un segundo plano, aunque pronto comenzaron a aparecer sobre todo a raíz de las adaptaciones cinematográficas de obras literarias.

Una de las primeras películas de fantasmas (entendiendo como tales aquéllas en las que su figura adquiere un papel protagonista) es “The Ghost Goes West” (1935) una comedia romántica dirigida por Rene Clair, e inspirada en “El fantasma de Canterville”. Un millonario americano adquiere un castillo europeo y ordena desmontarlo y trasladarlo a su país, donde descubre que está habitado por un fantasma. La película contrasta la educación aristocrática del fantasma contra la vulgaridad de los nuevos ricos. Sin embargo, los fantasmas también hacen aparición como elementos de películas de terror como “The Uninvited” (1944) y “Dead of Night” (1945).

Más allá de las frecuentes adaptaciones de las obras de Shakespeare, Dickens y Wilde, por lo general la figura del fantasma en el cine a menudo adquiere un profundo tono sentimental o incluso cómico, a menudo como víctimas de una situación injusta y que regresan para exigir una reparación. Aunque no siempre es el caso, las tramas de las películas fantasmales a menudo concluyen resolviendo los motivos que llevaron a la aparición de los fantasmas. En 1947 se estrena “The Ghost and Mrs. Muir”, que posteriormente fue adaptada para una serie de televisión a finales de la década de 1960.

De 1963 es “The Haunting”, quizás la película en la que mejor se caracterizan los elementos de las casas encantadas y que aparte de sufrir una reciente readaptación, también ha servido de modelo para otras películas de temática similar, como “La leyenda de la casa del infierno” (1973) o “El Horror de Amityville” (1979).

Ya en la década de 1980 aparecen otras representaciones cinematográficas que no sólo modernizan el género, sino que además proporcionan nuevas visiones como “El Resplandor” y “La Niebla” (1980), “El ente” (1981) y sobre todo “Poltergeist” (1982), que constituye una de las expresiones mejor acabadas de las historias de fantasmas, y en la que se combinan los fenómenos extraños en una casa encantada con la desaparición de una niña. El éxito de Poltergeist daría lugar a dos secuelas (1986) y (1988).

“Cazafantasmas” (1983), otro ejemplo del género, merece la pena ser destacada por popularizar la figura del cazador de fantasmas, con una serie de tópicos pseudocientíficos y parapsicológicos en tono cómico. La historia gira en torno a cuatro profesores de la universidad de Nueva York, que tras perder sus trabajos deciden montar un negocio de eliminación de fantasmas. El éxito motivó la aparición de una secuela y tres series de dibujos animados, convirtiéndose en una película de culto.

De la misma época también merece la pena destacar “Una historia china de fantasmas” (1987), basada en un relato literario pero actualizada con ciertos toques cómicos. La película cuenta la historia de un joven recaudador de impuestos que se ve obligado a pasar la noche en un templo maldito donde se encuentra con el fantasma de una mujer asesinada que se enamora de él. Su éxito también dio lugar a dos secuelas, ya de menor calidad.

En 1988 el director Tim Burton realiza una atrevida y gamberra transgresión en el género con “Bitelchus”, en la que una pareja de fantasmas que fallecen en un accidente se resisten a compartir su casa con sus nuevos inquilinos y recurren a la ayuda de un “bioexorcista”, un fantasma que termina causando más problemas que cumpliendo su propósito.

La saga de “Pesadilla en Elm Street” al margen de su icónico villano Freddy Krueger, introduce un nuevo elemento en las películas de fantasmas: un espíritu que ataca a sus víctimas en sueños y las mata utilizando sus peores temores.

Con el comienzo de la década de 1990 aparece “Ghost”, otro de los clásicos de las películas de fantasmas y que mezcla la presencia fantasmal con el romance, y en la que el protagonista asesinado regresa para proteger a su amada. Aparte de utilizar los elementos tópicos del género y actualizarlos, también introduce ciertos toques cómicos con la introducción de una excéntrica vidente y estafadora.

De 1992, y derivado del éxito de Pesadilla en Elm Street es la discreta “Candyman”, en la que el espíritu de un antiguo esclavo negro aterroriza de forma periódica el barrio de Cabrini Green en Chicago, y lo que comienza siendo la investigación de un aparente mito urbano termina convirtiéndose en una tenebrosa realidad.

En 1996 Peter Jackson aborda el género fantasmal con “Agárrame esos fantasmas”, que mezcla de forma irregular intriga, comedia y terror.

1999 es el año de otras dos importantes películas de fantasmas: por una parte está “El Sexto Sentido”, un relato cerebral en torno a un psicólogo que se encuentra con un niño angustiado por su capacidad para ver y relacionarse con los espíritus de los muertos y “La leyenda de Sleepy Hollow”, en la que Tim Burton retoma el relato clásico de Washington Irving y lo utiliza como inicio para desarrollar una historia sobrenatural de venganza e intriga. En la “Novia Cadáver” (2005), y a partir de un antiguo cuento judío, Tim Burton presentará otra historia fantasmal.

También de este mismo año es “El proyecto de la Bruja de Blair”, una curiosa película filmada como si se tratara de un documental hallado tras la desaparición de tres estudiantes. La película muestra como los estudiantes se pierden en el bosque al mismo tiempo que se ven acosados por una extraña presencia y extraños fenómenos.

La década del año 2000 estará marcada inicialmente por el impacto de “El Sexto Sentido”, con películas como “Los Otros” (2001), “Gothika” (2003), “El Orfanato” (2006) y otras. Sin embargo, el terror fantasmal de esta década destacará por la popularidad del cine de terror oriental sobre todo a partir del éxito “Ringu” (1998), en la que se cuenta la historia de una niña que regresa de la muerte y mata a quienes contemplan una extraña cinta de video que contiene indicios de su situación. El éxito de Ringu atrae a Occidente otras producciones similares como “The eye” (2002), “Ju-on” (la maldición) (2003) o “Dark Water” (2005), entre otras muchas.

La popularidad de los fantasmas no tarda en saltar a la televisión, aunque en sus inicios a menudo se trataba de una figura amable e infantil, destacando a “Casper, el fantasma amigable”, creado para el cómic en la década de 1930 y que se convertirá en uno de los fantasmas más famosos de la pantalla grande.

Asimismo, la creciente popularidad de las películas sobre fenómenos paranormales ha motivado la aparición de series en torno a los fantasmas: “Entre fantasmas”, “Las voces de los muertos” y “Médium” abordan el tema centrando las historias en torno a protagonistas capaces de contactar con los muertos. “Tan muertos como yo” aborda la vida en el más allá desde un punto de vista cómico y satírico, mostrando cómo es el día en el día en un grupo de espíritus que trabajan para conducir a las almas al otro mundo, una realidad aquejada de elementos burocráticos y problemas tan cotidianos como el nuestro. En otras series de temática sobrenatural, los fantasmas aparecen de forma habitual, aunque no suelen ser un motivo central de las mismas.

Y este repaso a la presencia de los fantasmas en cine y televisión no podía estar completo sin mencionar los numerosos programas de temática paranormal que abordan los sucesos sobrenaturales desde una perspectiva documental y pretendidamente científica, como por ejemplo en España, Cuarto Milenio. En este tipo de programas, aunque se suelen tratar temas muy diversos, extraterrestres, fantasmas y los sucesos y fenómenos asociados a los mismos suelen ser los más habituales.

Con la aparición de los juegos de rol, los fantasmas no tardaron en surgir como parte de los escenarios de fantasía o terror. En principio su situación era y es la de adversarios, pero a menudo su presencia constituyó el elemento central en tramas más complejas en las que se asociaban a temas como la venganza, la intriga o injusticias sin resolver.

Sin embargo, pronto comenzaron a adquirir un papel cada vez más importante y con el surgimiento de las líneas de Mundo de Tinieblas, en las que los seres sobrenaturales clásicos adquirían el protagonismo, sólo era cuestión de tiempo que les tocara el turno…

(continuará la próxima semana)
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