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Los vegetales y los juegos de rol

Sí, yo también me quedé sin palabras cuando Magus propuso el presente artículo; lo siguiente que pensé fue ¡rayos! ¿y porqué no? así que dejémonos de palabrería y veamos qué nos tiene que contar nuestro articulero más dicharachero.


VEGETALES Y JUEGOS DE ROL


-¿Sabes cuál es la diferencia entre un pepino y una silla?

-No.

-Pues ten cuidado dónde te sientas.

Anónimo.


Un día como otro cualquiera me encontraba en el mercado comprando ajo, cebolla, zanahoria, puerro y nabicol para elaborar un sabroso caldo de verduras de receta propia cuando de repente mis ojos reflejaron el brillo fresco de un calabacín y tuve una repentina inspiración ¿Por qué no elaborar un artículo sobre los vegetales y los juegos de rol para Baúl Bizarro? Y dicho y hecho, al llegar a casa, y tras realizar las abluciones debidas y tras degustar el producto de mis humildes artes culinarias, me puse a hacer café, y en compañía de una taza humeante abrí las puertas de mi mente y he aquí el resultado.


Aclarado lo cual, comencemos.


LA VERDURA EN LA LITERATURA


MITOLOGÍA

Las primeras sociedades de cazadores-recolectores dependían enormemente del sustrato vegetal para su sustento, por lo que no es de extrañar que muchas de las primeras divinidades estén relacionadas con el cielo, los fenómenos meteorológicos y las cosechas. A medida que surgían las primeras sociedades agrícolas y comenzaba el cultivo y selección de las primeras especies vegetales, cada acto relacionado a menudo se acompañaba de los debidos ceremoniales para propiciar una buena cosecha de los frutos de la tierra.


Sin embargo, diversas sociedades no se limitaban a adorar a divinidades que propiciaran buenas cosechas, sino que dirigían sus ritos y plegarias hacia las propias plantas, y sobre todo a los árboles, cuyo crecimiento, decadencia anual y renacimiento primaveral resultaba un poderoso símbolo del ciclo de la vida. La representación cultural del universo más antigua es el árbol del mundo, a menudo sosteniéndolo entre sus ramas, o como origen de la vida. La imagen del Árbol de la Vida a menudo está relacionada con la inmortalidad o la fertilidad. En las primeras religiones los árboles a menudo tienen un profundo significado como el Banyan y el Peepal en el hinduismo, el Árbol del Conocimiento en el judaísmo y el cristianismo, o el Árbol Bodhi en el budismo. En muchas religiones chamánicas y mitos, a menudo se cree que los árboles son el hogar de espíritus de la naturaleza. En el Antiguo Egipto se creía que el sicomoro era el hogar de los espíritus de los muertos. Los antiguos cultos germánicos a menudo celebraban ceremonias en bosques considerados sagrados y el término “druida” parece proceder de la palabra “drú” de origen céltico y que significa roble.


Una costumbre bastante extendida es la de colgar objetos o sacrificios de los árboles para ganar el favor de los dioses o espíritus, para obtener su favor o simplemente como un rito para obtener buena suerte. El árbol de Navidad constituye uno de los ejemplos más extendidos, aunque en gran parte despojado de su significado original e influenciado por el cristianismo y la sociedad moderna. Otro rito similar es el de transferir a los árboles enfermedades o maldiciones que afligen a un enfermo. En la India, por ejemplo, ante una posesión demoníaca se celebran ceremonias para transferir el espíritu a un árbol.


En diversos relatos y mitos los árboles poseen la capacidad de hablar y lanzar profecías o avisos (los druidas consultaban a los robles, los streghe a los serbales). Filóstrato cuenta la historia de dos filósofos que debatían bajo la sombra de un olmo en Etiopía y que el árbol se unió a la conversación. Se dice que Alejandro Magno y Macro Polo visitaron en la India el Árbol del Sol y de la Luna: de día hablaba con voz de hombre y de noche con voz de mujer. Según la mitología irlandesa un árbol puede ayudarte a buscar el oro de un leprechaun, aunque normalmente no sabe dónde está.


Ante esta importancia simbólica, no es de extrañar que en las mitologías comiencen a aparecer espíritus o seres directamente relacionados con la naturaleza. En la mitología grecorromana muchas plantas y árboles adquieren un origen legendario: En la mitología grecorromana existen varios ejemplos: Jacinto, amante del dios Apolo, al morir accidentalmente alcanzado por el disco arrojado por el dios, es transformado en la planta del mismo nombre. Cipariso, otro amante de Apolo, al matar accidentalmente a su ciervo, pide al dios que le deje llorarlo eternamente y se convierte en un ciprés, el árbol del luto por excelencia; la ninfa Dafne, para huir del acoso de Apolo es transformada en una planta de laurel; Adonis, amante de Afrodita, es convertido a su muerte en amapola; Narciso, ensimismado por su reflejo termina consumiéndose y en su lugar surge una flor.


En los mitos germánicos plantas y árboles también juegan papeles importantes. En el mito del dios Balder, para evitar su muerte su madre pide a todos los elementos que juren no causarle daño. En el Valhalla los dioses nórdicos se divierten arrojándole armas de todo tipo, ya que no pueden matarlo. Sin embargo, el astuto Loki descubre que el muérdago no ha jurado respetar a Balder, ya que se le considera demasiado joven para hacer el juramento, y engaña al dios ciego Hodur, el dios del invierno, para que le arroje a Balder una lanza con punta de muérdago, lo que provoca su muerte y uno de los signos que marcarán el Ragnarok, o fin del mundo.


Con la llegada del cristianismo y el Islam la adoración de los árboles pasa a ser considerada idolatría, lo que lleva a la destrucción de varios bosques sagrados en Europa y Oriente Medio. San Esteban de Perm cortó un abedul sagrado en el año 1383 como parte de su evangelización del pueblo Komi y profanó sus santuarios, incurriendo en su hostilidad.


Sin embargo, a pesar de la influencia cristiana e islámica, árboles y plantas continúan ejerciendo fascinación, aunque a un nivel mucho más mundano y supersticioso. En los bestiarios medievales a menudo se atribuyen propiedades prodigiosas a muchas plantas, a menudo recogidas de la antigüedad pagana. El algodón por ejemplo contribuye a la creación del mito del “cordero vegetal”, que nace de una planta. Uno de los ejemplos más conocidos es el de la mandrágora, una planta utilizada durante mucho tiempo en rituales mágicos de culturas muy diversas. A menudo se le atribuyen propiedades afrodisíacas y de fertilidad, como aparece en el Génesis. Según la leyenda la mandrágora tiene una raíz de forma vagamente humanoide, y suele crecer bajo los árboles de los ahorcados, a partir del esperma producido por la eyaculación refleja de los estertores de la muerte. Cuando la raíz de la mandrágora es extraída de la tierra, grita y mata a todos los que escuchan su chillido. Según varios eruditos, la forma más segura es atar a la raíz un perro para que tire de ella y muera en lugar de su amo. Sus usos afrodisíacos y médicos ya aparecen en la Biblia, pero también en obras de autores tan conocidos como Nicolás Maquiavelo o William Shakespeare.



ÁRBOLES Y PLANTAS CARNÍVOROS

Con la llegada de la Edad de las Exploraciones y el descubrimiento de nuevas especies vegetales, también se produce una aparición de nuevos mitos sobre árboles y plantas. Quizás el más conocido y el que ha creado un icono más extendido en la cultura popular sea el de árboles y plantas devoradores de hombres, posiblemente un mito derivado de la fascinación hacia las plantas carnívoras, que se alimentan de insectos como complemento a su dieta fotosintética y mineral, y sólo algunas especies de gran tamaño y muy ocasionalmente se alimentan de pequeños mamíferos. La primera referencia conocida es un relato de Luciano de Samosata del siglo II, en la que un grupo de mujeres-planta devora a unos marineros tras aparearse con ellos. Sin embargo, los primeros relatos modernos no aparecen hasta el siglo XVI, como el mítico viaje del capitán Arkright en 1581, que visitó El Banoor, o Isla de la Muerte, donde crecía una flor tan gigante que un hombre podría entrar entre sus pétalos –y era lo último que hacía, ya que el perfume de la flor lo dormía para no despertar. Los pétalos se cerraban en torno a su víctima y la planta la consumía.


Ya en el siglo XIX el famoso científico Charles Darwin pasó muchos años estudiando el fenómeno de las plantas carnívoras. Según las teorías de Darwin existían varias especies de plantas carnívoras en el mundo, principalmente en lugares húmedos con escasos nutrientes. La mayoría terminaban por desarrollar mecanismos para atrapar animales, de los que obtenían los nutrientes necesarios de su sangre. Las víctimas eran pequeños mamíferos.


Sin embargo, a partir de esta teoría la conexión con mamíferos más grandes y con el ser humano no estaba muy lejos. Entre los relatos de plantas carnívoras destaca el informe del viaje de un viajero alemán llamado “Carl Liche” en 1881, que dejó una descripción de un árbol carnívoro de Magadascar, y al que la tribu malgache “Mkodo” hacía sacrificios humanos.


“Los delicados palpos, con la furia de serpientes hambrientas, acariciaron por un momento la cabeza de la mujer, y entonces como si el instinto de una inteligencia demoníaca se apoderara del árbol, enroscó sus zarcillos alrededor de su cuello y brazos; entonces mientras sus terribles gritos y chillidos resonaban la estranguló emitiendo un quejido gorgoteante, y los tentáculos, uno tras otro, como grandes serpientes verdes, con brutal energía y rapidez infernal, se retrajeron y la envolvieron, aplastándola con cruel rapidez y la salvaje tenacidad de anacondas alimentándose de su presa.”


La popularidad del árbol se incrementó con la publicación del libro “Madagascar, tierra de los árboles caníbales” (1924) de Chase Osborn, que afirmaba que las tribus y misioneros de Madagascar conocían ese terrible árbol y que también repetía el relato de Liche. No fue hasta 1955 que el científico Willy Ley en su libro “Salamandras y otras maravillas” determinó que Carl Liche, la tribu Mkodo y el árbol caníbal eran un fraude. Sin embargo, el fraude de Liche ha tenido tanto éxito, que en la actualidad se sigue afirmando que la existencia del árbol carnívoro es real utilizando el relato de Liche como referencia.


El “Yateveo”, descrito en la obra “Tierra y mar” (1887) de J.W. Buel es una planta carnívora que crece en América Central y del Sur. Existen descripciones muy diferentes de la planta, pero la mayoría coinciden en que tiene un tronco corto y grueso y largos zarcillos que utiliza para atrapar a sus presas. Aunque se alimenta principalmente de insectos, también intenta consumir humanos.


El “Duñak” es un árbol carnívoro de Filipinas y del Sudeste Asiático. Se dice que se parece a un árbol tropical de espeso follaje y tronco oscuro con un matiz rojizo. No parece nada inusual hasta que un animal camina bajo sus ramas, momento en que varios zarcillos se extienden del árbol y atrapan al animal, que es levantado, aplastado por las ramas y consumido. Se dice que se alimenta de ciervos y mamíferos grandes, pero que en ocasiones también captura humanos.


Durante la década de 1920 en la literatura pulp y de ciencia ficción se popularizó la imagen de árboles y plantas carnívoros, a menudo habitando en lugares remotos o incluso de origen extraterrestre. También aparecieron en revistas y publicaciones académicas populares, a menudo presentados en “informes verídicos.” En el relato “Planeta Parásito” (1935) de Stanley G. Weinbaum se describe una variedad de plantas caníbales de Venus que se devoran entre sí y también cazan seres humanos.


En la novela “Vida de Pi”, de Yann Martel, se describe una isla flotante de algas carnívoras que se alimentan de náufragos humanos.


Pero sin duda una de las más novelas más conocidas de la ciencia ficción es “El día de los trífidos”, en la que una especie de planta artificial creada durante la época de la Guerra Fría crece de forma descontrolada tras el paso de un cometa que deja ciega a la mayor parte de la población humana. Los trífidos tienen movilidad y utilizan zarcillos y aguijones para matar a sus víctimas.


Una de las aportaciones más recientes a este género es “En las profundidades del bosque” (1998), en las que una especie de árboles carnívoros conocidos como robles de sangre siembran el terror en un bosque.



ÁRBOLES Y PLANTAS EN EL CINE Y LA TELEVISIÓN

La presencia de árboles y plantas como protagonistas en el cine no aparece hasta la época de postguerra, a menudo vinculadas al género de invasión alienígena. Para destacar el carácter inhumano y extraño de los extraterrestres a menudo se los convierte en criaturas imposibles, y en ocasiones de naturaleza vegetal, y ya tomando los tópicos de árboles y plantas carnívoros de las décadas anteriores.


En “el Enigma de Otro Mundo” (1951) el invasor extraterrestre que aterroriza a un grupo de científicos en una estación de radar en el Polo Norte tiene una naturaleza vegetal, eliminada en su versión posterior de “La Cosa” (1982). Otro ejemplo es “El árbol asesino” (1957), un episodio de la serie Science Fiction Theatre, aunque desligado del origen extraterrestre.


La pequeña tienda de los horrores” (1960) de Roger Corman, es una de las películas de serie B más famosas de la historia del cine, rodada en apenas dos semanas, que gira en torno a una planta carnívora que es alimentada con seres humanos y que cuando florece muestra el rostro de sus víctimas. En 1986 se realizó un remake y comedia musical, con varios cambios en la trama, y en la que la planta “Audrey II” adquiere un origen extraterrestre y la capacidad de hablar. Ambas se han convertido en películas de culto y el musical todavía se sigue exhibiendo en la actualidad.


Otra película de culto y de serie B debido a su disparatado concepto es “¡El ataque de los Tomates Asesinos!” (1978) de John de Bello, a partir de una idea de Costa Dillon. Los tomates se vuelven inteligentes mediante medios desconocidos y se rebelan contra la humanidad, volviéndose venenosos y aplastando a los desprevenidos humanos. La película termina con una zanahoria que surge de la tierra y dice: “Todo en calma, chicos. Ya se han ido.”


La película tuvo suficiente éxito como para generar diversas secuelas como “¡El regreso de los tomates asesinos!” (1988), “¡Los tomates asesinos contraatacan!” (1990) y “¡Los tomates asesinos devoran Francia!” (1991). También existe una versión griega de la película I epithesi tou gigantiaiou mousaka (1999), (El ataque del Moussaka gigante).Aparte en 1990 también se emitió una serie de dibujos animados, una novela (1997) y dos videojuegos. La saga literaria “The Hollows”, ambientada en un mundo donde tomates manipulados con ingeniería genética han acabado con gran parte de la humanidad está basada en la película.


En el marco del cine de terror, las calabazas, símbolo por excelencia de Halloween, han hecho ocasionales apariciones en el cine adquiriendo vida propia, sobre todo por influencia de la leyenda de Sleepy Hollow. La presencia de los siseantes campos de maíz constituye un inquietante trasfondo en la película “Los chicos del maíz” (1984) y sus secuelas.


De forma paralela, árboles y plantas humanoides han aparecido en el cine de animación, a menudo en un contexto infantil y cómico. Algunos de los primeros cortometrajes de la factoría Disney presentaban personajes vegetales. Asimismo, varios episodios de diversas series muestran vegetales inteligentes o extraterrestres de origen vegetal, como el episodio de “Las supernenas” en que la ciudad de Townsville es invadida por unos alienígenas semejantes al brécol. Sin embargo, la serie animada que más ha destacado el concepto de los vegetales inteligentes sin duda ha sido “Los Fruittis” (1991), ambientada en una isla con un gran volcán donde hay una aldea en la que viven una comunidad de frutas, frutos secos, vegetales, legumbres y plantas.



ÁRBOLES Y PLANTAS EN LOS JUEGOS DE ROL

Como otras criaturas mitológicas, diversas figuras basadas en árboles y plantas no tardaron en hacer acto de presencia en los juegos de rol. Sin embargo, su papel a menudo ha sido residual y secundario, a menudo ligado a espíritus feéricos y muy especialmente a la raza de los elfos, con una conexión especial con la naturaleza y los bosques. De hecho, en el universo de Glorantha, los elfos son básicamente, criaturas inteligentes de origen vegetal, y con diferencias raciales dependiendo de su lugar de hábitat.


Sin embargo, salvo ésta y otras excepciones como los Inanimae Vegetales de Changeling: el Ensueño, puede decirse que el papel de los vegetales inteligentes como protagonistas en los juegos de rol es prácticamente nulo. Normalmente se trata de elementos de trasfondo o de bestiario. No obstante, existen dos tipos de criaturas vegetales que se encuentran especialmente extendidas en los juegos de rol, y que merecen una especial atención.



DRÍADAS Y ENTS

Entre los tipos de espíritus asociados a árboles y plantas las más conocidas son las dríadas, con versiones diversas en la mitología de las distintas culturas.


En la mitología griega las dríadas eran ninfas de los árboles y específicamente de los robles (“drys” significa “roble” en griego), aunque el término ha sido utilizado para los árboles en general. Por lo general eran consideradas criaturas muy tímidas y seguidoras de la diosa Artemisa. Las Melíades eran las dríadas de los tejos, engendradas por la diosa Rea con la sangre del castrado Urano, y cuidaron de Zeus cuando era niño. Las Epimelíades eran las ninfas de los manzanos y las Cariátides las ninfas de los nogales. Las Hamadríades eran un tipo de dríade tan ligada a los árboles, que si el árbol con el que estaban asociadas moría, ellas también morían. Por esta razón las dríadas y los dioses griegos castigaban a los mortales que dañaban los árboles sin realizar los ritos propiciatorios adecuados.


Las dríadas son mencionadas en las obras de diversos autores clásicos y posteriores a menudo como elemento poético, simbolizando la naturaleza.


El aspecto de las dríadas es muy variable tanto en la literatura fantástica como en los juegos de rol, determinado por su grado de afinidad vegetal. En muchos casos aparecen como mujeres de piel verdosa o con otros rasgos que denotan su origen vegetal, y en otros son plantas móviles que pueden hablar y moverse.


Por lo que se refiere a los Ents, como muchas criaturas de los juegos de rol de ambientación medieval fantástica, deben su origen a la obra de J. R. R. Tolkien. El término “ent” fue tomado del término anglosajón “enta” que designaba a la raza de los gigantes, aunque se trata de un término muy ambiguo porque puede referirse a criaturas muy diversas de tamaño descomunal como gigantes, trolls o incluso el monstruo Grendel del poema Beowulf.


Tolkien conectó a los Ents con la Valier Yavanna, la Señora de la Vegetación, y aunque aparecen brevemente en la mitología del Silmarillion su descripción más detallada aparece en “El Señor de los Anillos”, donde su líder Bárbol acaudilla la última marcha de su pueblo para acabar con la corrupción sembrada por el mago Saruman. A partir del relato del propio Bárbol se sabe que los Ents o Pastores de Árboles son un pueblo antiquísimo, que los elfos les enseñaron a hablar, que controlan los bosques y que perdieron a sus esposas, aunque nunca han dejado de buscarlas. Con el paso del tiempo los Ents se desentienden paulatinamente del mundo y se vuelven cada vez más “arbóreos”, volviendo a su estado original hasta el punto de que se convierten en poco más que árboles móviles, su “rebaño”.


En el universo de Dungeons and Dragons y otros muchos juegos los Ents son conocidos como Treants, Hombres Árbol o Pueblo Árbol, por razones de franquicia, de la misma forma que los Hobbits son conocidos como Halflings o Medianos. En algunas representaciones los Treants son muy parecidos a los Ents de Tolkien, aunque en otras ocasiones han dado lugar a monstruos arbóreos corruptos.


En los bestiarios de los diversos juegos de rol aparecen otras criaturas de naturaleza vegetal como los Hombres Hongo y los Campestri de D&D. Tampoco falta una amplia variedad de plantas carnívoras que representan los tópicos ya mencionados, aunque no están tan extendidos como Dríadas y Ents.


Bien, y hasta aquí este breve repaso de la influencia de árboles y plantas en los juegos de rol. Como siempre espero que hayáis aprendido o por lo menos disfrutado con su lectura. Y la próxima vez que veáis un árbol una planta, que contempléis frutas y hortalizas frescas en el mercado seáis conscientes de que están llenas de vida y posibilidades. ¡Id a por ellas antes de que vayan a por vosotros!



Y si alguien se pregunta “¿Por qué el tarado éste se ha puesto a hablar de verduras y cosas tan raras?” le recomiendo que eche un vistazo a la fecha de publicación del presente artículo y medite al respecto. La decisión queda en vuestras manos.



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