sábado, septiembre 25, 2010

Las momias y los juegos de rol (parte 1 de 2)

All the old paintings on the tombs
They do the sand dance don't you know
If they move too quick (oh whey oh)
They're falling down like a domino.

“Walk like an egyptian” The Bangles


-¡Ya te vale, papá! ¡Has resucitado a otra momia y aquí pone que controla el poder de los cinco elementos!

La Momia III: La tumba del emperador dragón



MOMIAS Y JUEGOS DE ROL

(por Magus)

Me encontraba tranquilamente dedicado a la tarea de cortar unas hojas de nabicol para hacerme un nutritivo y suculento caldo de verduras para combatir el frío y el mal tiempo, cuando de repente me hice un corte en un dedo. Acudí a mi botiquín (un bisturí, una sierra de cortar huesos y un poco de cloroformo nunca pueden faltar en una casa) y me di cuenta de que me había quedado sin tiritas. De repente me fijé en el rollo de esparadrapo y tuve una repentina inspiración: ¿Por qué no hacer un artículo sobre momias y juegos de rol para Baúl Bizarro?

Y dicho y hecho, para el día de hoy hablaremos de los antiguos faraones y reinas de los no muertos, recuerdos de un pasado antiquísimo que en ocasiones se aferran a nuestro presente.


LAS MOMIAS EN LA HISTORIA


MOMIAS EGIPCIAS

La primera impresión en que se piensa al oír la palabra momia, a poco que se tenga mala idea, es en alguien viejo, caduco y fuera de lugar al que se le tiene algo de manía. Pero la mayor parte de la gente de una forma o de otra relaciona el término con los cadáveres embalsamados del Antiguo Egipto y la época de los faraones.

Realmente el término de “momia” tiene un significado algo más amplio, designando a un cadáver cuya piel y órganos han sido preservados de forma intencionada o casual. La palabra momia deriva del latín “mumia”, que a su vez deriva del persa “mum” (betún), un producto muy utilizado por los egipcios en el proceso de embalsamamiento. Aunque sin duda las más conocidas son las momias egipcias, la momia humana más antigua que se conoce es una cabeza decapitada de más de 6.000 años encontrada en los Andes.

La momia egipcia más antigua conocida es un individuo apodado “Ginger”, que murió aproximadamente en torno al 3300 a.C. y que fue enterrado en el desierto. Ginger fue enterrado con la intención de preservarlo y de que renaciera en el otro mundo, como demuestran las vasijas de comida y bebida que lo acompañaban.

Debido a las creencias de los egipcios en el más allá, un mundo en el que se suponía que renacían acompañados de sus efectos personales y precisaban de la conservación de su cuerpo, desde los inicios de sus historia, utilizaron diversas técnicas de preservación. Sin embargo, no fue hasta la época del Reino Medio (aproximadamente entre el 2000 – 1500 a.C., entre los reinados de los faraones Mentuhotep II y Ahmosis) que se perfeccionó el proceso con la introducción del natrón, una sustancia salina, utilizada para desecar y preservar la carne. Durante la dinastía XX de Egipto (aproximadamente a partir del 1200 a.C.) se introdujeron técnicas de embalsamamiento más avanzadas y perfeccionadas.

A grandes rasgos, los cadáveres se abrían y todos los órganos, salvo el corazón, eran retirados y preservados en recipientes conocidos como jarras canópicas con las cabezas de cuatro dioses protectores del más allá. El cerebro, que se consideraba inútil, era disuelto y retirado a través de la nariz con ganchos.

El cuerpo vaciado era recubierto de natrón para deshidratarlo y evitar que se descompusiera. A menudo se colocaban protectores en los dedos para evitar que se resquebrajaran y rompieran durante el proceso. A continuación todo el cuerpo se envolvía con tiras de lino blanco para protegerlo del daño. Después se enterraba en una serie de sarcófagos junto con muchos hechizos y amuletos sagrados colocados alrededor de la momia y entre sus vendajes. Por supuesto, éste era un proceso ideal, que no estaba al alcance de todos los egipcios, y existían diversos tipos de embalsamamiento según las capacidades de las diferentes clases sociales.

Desde el siglo XIX y hasta la segunda mitad del siglo XX, debido a la “egiptomanía” la mayoría de los museos de todo el mundo trataron de conseguir momias y tesoros egipcios, lo que llevó a una serie de sistemáticas campañas de excavación y contrabando que arruinaron muchos yacimientos. El más famoso y el que tuvo mayor influencia popular a nivel mundial fue el hallazgo de la tumba intacta del faraón Tutankhamon en 1922 con todos sus tesoros. Este hallazgo también tendría enormes repercusiones a nivel cultural, creando la mayoría de tópicos literarios y cinematográficos que conocemos hoy en día.


OTRAS MOMIAS

Aunque no tan conocidas ni con la fama de las momias de Egipto, otros pueblos del mundo en diferentes épocas han utilizado ritos para embalsamar a sus muertos. A veces esta momificación se produce de forma natural, aunque es un acontecimiento raro, que requiere condiciones demasiado específicas. De estas “momias naturales” la más conocida es “Ötzi”, el hombre de los hielos, encontrada en un glaciar de los Alpes en 1991, y que quedó congelado hacia el 3300 a.C. Aparte de Ötzi, en el mundo se han hallado otras 20 momias naturales, siendo la más reciente la de un individuo muerto en el siglo XIX. En Norteamérica se encontraron en 1972 ocho momias preservadas naturalmente por el frío en Groenlandia. Las “Momias de Groenlandia” eran una familia de Inuit (mejor conocidos como esquimales, aunque se considera un término ofensivo) que murió hace 500 años. Otro cadáver preservado en un glaciar es “Kwäday Dän Ts’ìnchi” (“Personada encontrada de hace mucho tiempo”. Sin comentarios.), que apareció en agosto de 1999 en Tatshenshini-Alsek Park (Columbia Británica, Canadá) y que murió hace unos 550 años.

En las Islas Británicas y Europa del Norte se han encontrado varias “momias de pantano”, cuerpos preservados de personas que fueron arrojadas a los pantanos como parte de asesinatos o sacrificios rituales. La acidez del agua, el frío y la ausencia de oxígeno se han combinado para preservar la piel y los tejidos, y en ocasiones hasta el contenido del estómago. Uno de los casos más famosos es la Mujer de Haraldskær, encontrada en Dinamarca en 1835, y que fue erróneamente identificada como una reina danesa de época medieval.

En las Islas Canarias, los antiguos aborígenes guanches embalsamaban a sus muertos, de forma similar aunque no tan compleja como los antiguos egipcios, envolviendo cadáveres en pieles de cabra u oveja y en ocasiones utilizando sustancias resinosas para preservar los cuerpos, que eran enterrados en túmulos o cuevas de difícil acceso. Sin embargo, en ocasiones los cuerpos eran ocultos o enterrados sin un tratamiento especial. De las momias guanches destaca la expuesta en el Museo de San Andrés, en Tenerife.

En el verano de 1989 un equipo de arqueólogos rusos descubrió la “Doncella de Hielo de Siberia” cerca de la frontera con Mongolia, una mujer del siglo V a.C. momificada y después congelada junto con un hombre y seis caballos. Se la considera una chamán de la cultura Pazyryk y actualmente se encuentra expuesta en Novosibirsk, Siberia.

Quizás las más conocidas tras las momias egip
cias, y con cierta influencia literaria y cinematográfica local son las momias sudamerica nas, en el que se encuentran cadáveres preservados mediante diversos procesos por las cult uras precolombinas. Algunas de las mejor preservadas proceden del reino Inc a, hace más de seiscientos años, cuya cultura sacrificaba niños ritualmente y los colocaba en las cumbres de las montañas de los Andes. En 1995 se encontró el cuerpo de una niña inca de entre 11 y 14 años en el Monte Ampato al sur de Perú. Conocida como la “Momia Juanita” o “La Doncella del Hielo”, algunos arqueólogos creen que era un sacrificio humano dedicado al dios Apu.

Sin embargo, las momias incas sólo son las más recientes de una larga serie de métodos de preservación de cadáveres. En los Andes la cultura Chinchorro, mucho más antigua, también momificaba a sus muertos, envolviendo los cadáveres en barro, hojas y hierbas, la cultura Chimú secaba los cuerpos y los envolvía en mantas, con máscaras y cabezas artificiales, mientras que otras culturas también “ahumaban” a sus muertos en plataformas de madera antes de enterrarlos.

En las culturas budistas los monjes cuyos cuerpos permanecen incorruptos sin indicios de un embalsamamiento deliberado son venerados por algunos budistas que creen que han conseguido purificarse hasta el punto que la muerte no ha podido corromper su cuerpo. Muchos monjes budistas dejaron en sus testamentos instrucciones para ser enterrados en la postura del loto, dentro de una vasija llena de madera, papel y elementos desecantes, y ser desenterrados normalmente tres años después. Estos cuerpos preservados eran decorados con pintura y adornados de oro, y todavía se exhiben en varios santuarios. Un caso especialmente famoso es el de un monje tibetano que murió en 1475 y cuyo cuerpo fue encontrado relativamente incorrupto en 1990.

Ya en época más reciente, en la década de 1830, Jeremy Bentham, dejó instrucciones para que a su muerte su cuerpo fuese recubierto de cera, vestido con sus ropas y que fuese expuesto públicamente sentado en posición pensativa para ilustrar “cómo el horror a la disección se origina en la ignorancia”. El cuerpo del Sr. Benthan todavía se encuentra expuesto en el University College de Londres.

A principios del siglo XX el movimiento ruso del cosmismo, representado por Nikolai Fedorov postuló un futuro en que la gente sería resucitada mediante medios científicos. Sus ideas fueron tan populares, que a la muerte de Vladimir Lenin, fundador de la Unión Soviética, Leonid Krasin y Alexander Bogdanov sugirieron la preservación criogénica de su cuerpo y cerebro para revivirlo en el futuro. Sin embargo, el cuerpo fue simplemente embalsamado y se encuentra exhibido permanentemente en su mausoleo de Moscú hasta el día de hoy. El propio mausoleo fue modelado por Aleksey Shchusev a partir de la Pirámide del faraón Zóser y la tumba del rey Ciro de Persia.

En 1975, una organización esotérica llamada “Summun”, introdujo la “momificación moderna”, que la organización afirmaba combinaba técnicas modernas con métodos antiguos. El servicio está disponible para razones espirituales. Summun considera que animales y personas tienen una esencia que se conserva tras la muerte del cuerpo, y la momificación ayuda a esa esencia en su transferencia a un nuevo destino. En lugar de utilizar un proceso de deshidratación, como las antiguas momias, Summun emplea un proceso químico que consiste en la introducción del cadáver en un tanque lleno de fluido preservador durante varios meses. Summun afirma que el proceso mantiene intacto el ADN, abriendo la posibilidad de clonación en el futuro.

Con un propósito más científico se desarrolló en 1978 la técnica de la “Plastinación”, creada por Gunther von Hagens en la Universidad de Heildelberg con la intención de conservar cuerpos o partes corporales. El agua y la grasa natural es sustituida por fluidos plásticos, creando simulacros que no se descomponen e incluso conservan propiedades microscópicas del original. Gunther Von Hagens ha patentado y promocionado la técnica en varios países, y es el creador de las exhibiciones itinerantes de Body Worlds, aunque la mayoría de sus usos están relacionados con la investigación y el estudio médico.

Otros hallazgos más frecuentes son los de cuerpos que sin alcanzar una momificación natural completo, permanecen relativamente incorruptos debido a las circunstancias naturales, como Las Momias de Guanajuato, México (1958), los monjes dominicos de Vác, Hungría (1994) o el cuerpo del monje ortodoxo Vissarion Korkoliacos (2006), cuyo estado a menudo se atribuye a una intervención celestial…o diabólica. Algunos estudiosos creen que el hallazgo de cadáveres incorruptos pudo haber sido uno de los motivos que dieron lugar a la creencia en vampiros.


MALDICIONES DE MOMIA

Aunque los antiguos egipcios en ocasiones escribían advertencias o amenazas para desanimar a los ladrones de tumbas, la idea de lanzar maldiciones sobre los profanadores no era algo frecuente, aunque el robo de tumbas fue un problema socio-religioso a lo largo de toda la historia del Antiguo Egipto. Una maldición escrita en una tumba en torno al 2500 a.C. advierte a quienes puedan “causar mal y daño al sarcófago o a cualquier piedra de esta tumba” y pide a un dios local que “no acepte ofrendas de los ladrones y que sus herederos no puedan heredarles.” En la tumba de un importante funcionario real que murió durante el reinado del faraón Pepi I (2332 -2283 a.C.) podía leerse: “Que todos los hombres que entren en ésta, mi tumba de la necrópolis, que estén impuros por haber comido las abominaciones que los buenos espíritus que han viajado al Oeste abominan…que todo lo que hagan termine mal…romperé sus cuellos como pájaros…haré que sientan miedo de mí.”

Esta maldición iba dirigida contra los sacerdotes, que no podían comer pescado, un alimento impuro para el sacerdocio egipcio, y que habiéndolo comido entraran en la capilla de la tumba. De hecho, los vivos eran bienvenidos en las tumbas. La inmortalidad se aseguraba mediante las continuas ofrendas realizadas por los vivos –preferiblemente sin haber comido pescado.

La idea de resultar maldito por profanar una tumba realmente es muy posterior, originada en el siglo VII d.C., después de que los árabes conquistaran Egipto. La antigua escritura jeroglífica había sido olvidada, pero la gente sentía que había algo misterioso y terrible en molestar a los muertos. Los árabes creían que las momias podían volver a la vida –posiblemente una interpretación errónea del Rito de Abrir la Boca que aparece representado en muchas tumbas- y que se vengaban de quienes intentaban robar sus tumbas, aunque lo cierto es que las profanaciones y robos de tumbas antiguas continuaron durante el dominio árabe. Los escritores árabes a menudo escribieron estas creencias y supersticiones, y así crearon un terreno sobrenatural que terminaría llegando a occidente.

Sin duda la maldición más famosa de todas es la del Rey “Tut”. Después de que el arqueólogo Howard Carter y Lord Carnarvon descubrieran la tumba casi intacta de Tutankhamon en el Valle de los Reyes en 1922, atrajeron la atención de la prensa mundial. En marzo de 1923 la novelista Marie Corelli, -que había escrito “Ziska”, una historia de horror erótico, transmigración de almas y reencarnaciones del Antiguo Egipto, con un sorprendente clímax en la cámara subterránea de una pirámide- escribió una carta al Nueva York Times en el que afirmaba tener una traducción de un texto árabe que prometía “la muerte a quien entre en la tumba de un faraón”. Posiblemente la historia habría sido desechada como una fantasía sensacionalista si Lord Carnarvon no hubiera muerto poco después, el 5 de abril de 1923. El hecho de que Lord Carnarvon tuviese una salud precaria desde un accidente en 1903, y de que desde hacía meses hubiera sufrido una infección causada por la herida de un mosquito que se complicó en una neumonía fue omitido.

El mismo día que la muerte de Lord Carnarvon llegó a Inglaterra, un reportero del Times estaba entrevistando a Sir Arthur Conan Doyle (conocido como el creador de Sherlock Holmes). Cuando el reportero le mencionó la carta de Marie Corelli, Doyle, que tenía ciertas creencias espiritistas, le dio cierta credibilidad, afirmando que la muerte de Lord Carnarvon podría haber sido provocada por “elementales” creados por los antiguos sacerdotes egipcios para proteger la tumba de Tutankhamon. La historia apareció en periódicos de todo el mundo y así nació “la maldición de los faraones.”

Las “noticias” fueron exageradas con detalles como que las luces de El Cairo se apagaron en el momento de la muerte de Lord Carnavon (los apagones y fallos eléctricos eran comunes en la ciudad en esa época). Algunos periódicos incluso afirmaron que la “maldición” de Corelli estaba escrita en la tumba de Tutankhamon, un hecho falso. En 1924 el egiptólogo Arthur Weigall escribió otros detalles –como que el canario de Howard Carter había sido devorado por una cobra (un símbolo faraónico)- que exageraron la leyenda.

De hecho, de las 26 personas que estuvieron presentes en la apertura de la tumba, sólo 6 murieron en los diez años siguientes. El propio Howard Carter, el primero en “profanar” la tumba, vivió hasta 1939 negando firmemente esas invenciones supersticiosas.

Hollywood y la literatura popular continuaron manteniendo la leyenda durante años. A veces la gente asocia la mala suerte con cualquier antiguo artefacto egipcio. Incluso se dice que el Museo Británico tenía una momia, la nº EA 22542, con una maldición asociada, y para librarse de ella la vendió a un museo americano. La momia fue trasladada en el famoso trasatlántico Titanic, y se hundió. La historia es completamente falsa. La momia nº EA 22542 realmente ni siquiera es una momia sino un ataúd cerrado que todavía se expone abiertamente al público en el Museo Británico.

La maldición de Tutankhamon revivió en la década de 1970, cuando los tesoros del faraón encontrados por el equipo de Howard Carter fueron expuestos en varios museos de todo el mundo. Sin embargo, la realidad es que nunca ha habido maldiciones asociadas a ninguna momia o tumba, ni amenazas inscritas en la tumba de Tutankhamon, ni terribles consecuencias relacionadas con artefactos del Antiguo Egipto.


LAS MOMIAS EN LA LITERATURA

Como era de esperar, un proceso tan curioso y potencialmente morboso como la momificación, no podía dejar de atraer la fascinación popular, e inevitablemente las momias terminaron apareciendo como personajes de ficción en diversos medios. El miedo occidental a la muerte se incrementa ante la presencia de cadáveres.

La primera historia de terror relacionada con una momia que se conserva fue publicada en 1699 por el autor francés Louis Penicher, en su “Traité des embaumements selon les anciens et les modernes” (“Tratado de los embalsamamientos según los pueblos antiguos y modernos”). Más de un siglo después el desciframiento de la escritura jeroglífica proporcionó a los escritores más inspiración.

La primera historia conocida relacionada con las momias en inglés fue “¡Momia! O una historia del siglo XXII”, una novela de Jane Webb Loundun. Fue publicada en 1827 poco después de la aparición del “Frankenstein” de Mary Shelley. En la historia de Webb, la civilización se encuentra en bancarrota moral y al borde de la destrucción en un Londres ficticio situado en el año 2126. La momia resucitada del rey Keops, en un intento de redimir su propio pasado corrupto, se dedica a restaurar la estabilidad económica, moral y social del siglo XXII. La historia tuvo suficiente éxito para dar lugar a una adaptación teatral en 1833.

Edgar Allan Poe publicó en 1845 “Unas palabras con una momia”, que no era tanto una historia de terror como una historia basada en la egiptomanía de la época.

En 1856 Theophile Gautier publica “La novela de la momia”, que ofrece el primer relato de ficción histórica ambientado en el antiguo Egipto y también introduce el elemento romántico de un romance con una momia. En “El pie de la momia” (1863) Gautier continuaba el tema romántico y las propiedades mágicas de las momias. En “Iras, un misterio” (1896), de H. D. Everett, la momia también aparece como un ser romántico, en lugar de una criatura aterradora.

“Lote nº 249” (1892) es una historia de Sir Arthur Conan Doyle que puede que sea el primer relato en el que la momia se convierte en un personaje siniestro. Una momia, adquirida en una subasta (de ahí el título), es devuelta a la vida y enviada a asesinar gente. En su historia “El anillo de Thoth” (1890) Doyle utilizó el tema de los amantes unidos a través del tiempo, así como dos personajes que bebían una poción para adquirir la inmortalidad. Estos relatos estaban relacionados con la egiptomanía de la época y otros muchos autores como Guy Boothby y Sax Rohmer (conocido por el personaje de Fu Manchú) también utilizaron las momias y el Antiguo Egipto como inspiración.

En el año 1906 Bram Stoker, el autor de “Drácula” proporcionó inspiración para muchas obras literarias y cinematográficas futuras cuando fue el primero en conectar una reina egipcia resucitada con una heroína moderna. En su novela, “La joya de las siete estrellas”, la tumba de una reina egipcia es descubierta y el alma posee a la hermosa hija de un egiptólogo mientras espera su resurrección a través de un rubí que contiene siete estrellas de siete puntas. Algernon Blackwood escribió en 1908 “La némesis del fuego”, una historia más compleja e interesante, posiblemente utilizando el relato de Stoker como base.

H. P. Lovecraft situó varios de los escenarios de los Mitos de Cthulhu en el Antiguo Egipto. En el relato “Encerrado con los faraones” (1924) (realizada por encargo de Harry Houdini, protagonista de la historia) relaciona a los antiguos dioses egipcios con las deidades primigenias. En “Reliquia de un mundo olvidado” (1933), escrita en colaboración con Hazel Helad, el mundo asiste al hallazgo de un antiguo cuerpo momificado encontrado en una isla perdida. Otros continuadores de Lovecraft también relacionaron varios relatos de los mitos con el Antiguo Egipto, en especial la figura de Nyarlathotep, el Caos Reptante, que habría llegado a gobernar Egipto mediante la figura del siniestro Faraón Negro, durante un período maldito para el reino.

Como he mencionado anteriormente, el hallazgo de la tumba de Tutankhamon en 1922 y su exploración durante los diez años siguientes tuvieron una amplia repercusión internacional llevando a la popularización de la imagen de las momias. Sin embargo, mientras que hasta el momento su figura había sido principalmente un elemento romántico y de diversión, la película “La momia” (1932) protagonizada por Boris Karloff, la convirtió en un monstruo que influiría en las publicaciones posteriores. Ramsey Campbell escribió en 1977 una novelización de la película de Karloff. “La larga noche de la tumba” (1986) de Charles Grant, “Las ciudades de los muertos” (1988) de Michael Paine (basada en unos diarios ficticios de Howard Carter) son otros ejemplos del género. En “El linaje de la sangre” (1993) de Tanya Huff, una investigadora privada se enfrenta al despertar de un antiguo inmortal egipcio que se alimenta de vidas humanas y que quiere apoderarse de la ciudad de Toronto.

Anne Rice (autora de Entrevista con el vampiro) publicó en 1989 “La momia, o Ramsés el condenado”. Rice devuelve a la figura de la momia su aura de sensualidad y romanticismo, dejando a un lado el tema del terror. El protagonista es el faraón Ramsés, que adquirió la inmortalidad y es despertado por unos arqueólogos victorianos, enamorándose de la hija de uno de ellos y encontrando la momia de la reina Cleopatra, que también compartió la inmortalidad con él.

En la más reciente “El papiro de Saqqara” uno de los hijos de Ramsés se cruza en el camino de la fórmula de la inmortalidad y de una antigua maldición, en una mezcla de ficción histórica y terror.

En general, mientras otros mitos de terror como vampiros y hombres lobo han sido reelaborados en la literatura, y a pesar de que la magia, los mitos y monstruos del Antiguo Egipto todavía disponen de un intenso trasfondo histórico y científico, en general en la literatura de las últimas décadas las momias y sus maldiciones han permanecido en un papel más secundario.


LAS MOMIAS EN EL CINE

El tema del romanticismo y el regreso a la vida constituyen los principales elementos de la momia como arquetipo. Un romance prohibido o condenado en el pasado que termina relacionado con el presente es una metáfora de la fascinación del Antiguo Egipto.

La figura de la momia ya fue aprovechada por los primeros directores del cine mudo. La primera película sobre la momia es “La momia del rey Ramsés” (1909), de nacionalidad francesa, seguida por producciones británicas como las tres películas tituladas “La momia” (1911), “La venganza de Egipto” (1912), “La momia egipcia” (1913) o la producción alemana “Los ojos de la momia” (1918). En la mayoría de estas películas la momia aparece como un ser trágico y romántico, aunque ya se vislumbran algunos elementos siniestros como en “La venganza de Egipto”.

“La momia” (1932) fijó los principales estereotipos de las momias tal y como aparecen hoy asociados a la cultura popular. Fue el resultado de la expectación creada por el hallazgo de la tumba de Tutankhamon en 1922, e inevitablemente introdujo el elemento de las maldiciones, convirtiéndose en un elemento de la atmósfera y de la historia. La aparición de momias que resucitaban de entre los muertos no tenía lugar en la antigua cultura egipcia, pero los escritores modernos la convirtieron en algo horrible y melodramático.

La película cuenta la historia de un antiguo sacerdote egipcio llamado Imhotep cuyo cuerpo es encontrado por unos arqueólogos que accidentalmente lo devuelven a la vida leyendo el Pergamino de Thoth. Imhotep escapa de los arqueólogos y llega a El Cairo buscando a la reencarnación de su antigua amante, la princesa Ankh-es-en-amon. Imhotep fue momificado vivo por intentar resucitar a la princesa, y tras encontrar a una mujer que se parece a ella intenta momificarla y convertirla en su amante. Al final, la mujer se salva al recordar su vida pasada y rezar a los antiguos dioses de Egipto para que la salven. La oración hace que Imhotep se convierta en un montón de huesos y cenizas. El personaje de Karloff fue diseñado a partir de la momia del faraón Seti II y el nombre de Imhotep fue tomado de un antiguo arquitecto egipcio.

Inevitablemente acompañando al éxito y popularidad de la momia también aparecieron las primeras parodias. En 1936 aparecieron “Los chicos de la momia” y en 1939 el trío cómico “Three Stooge” parodió el descubrimiento de Howard Carter en el cortometraje “Queremos nuestra momia” en la que unos arqueólogos exploraban la tumba del rey enano Rutentuten y de su reina Hotsy Totsy. El trío volvió a utilizar el recurso de las momias en 1949 en la historia de “Mummy’s Dummies”.

Al contrario que Frankenstein y Drácula y otras películas de terror de la Universal, la Momia no tuvo secuelas, aunque tuvo un plagio muy similar de serie b llamado “La mano de la momia” (1940) y sus secuelas “La tumba de la momia” (1942), “El fantasma de la momia” (1944) y “La maldición de la momia” (1944) que posteriormente fueron parodiadas en “Abbott y Costello contra la momia” (1950). El monstruo era la momia Kharis. En “La mano de la momia” se utilizaron imágenes de “La momia” de 1932 para contar los orígenes de Kharis. El actor Boris Karloff es claramente visible en varias escenas recicladas, pero no aparece en los créditos.

A finales de 1950 Hammer Film Production retomó la historia de la Momia, como había hecho con otros clásicos de la universal. “La momia” (1959) en lugar de ser un remake de la película de 1932, estaba basada en “La mano de la momia” y “La tumba de la momia”. Las siguientes películas de momias de la Hammer “La maldición de la momia” (1964), “La mortaja de la momia” (1966) y “Sangre en la tumba de la momia” (1971) (esta última basada en “La joya de las siete estrellas” de Stoker) no estaban relacionadas con ninguna película anterior y eran historias independientes. En el año 1980 apareció una nueva adaptación de “La joya de las siete estrellas” bajo el título “El despertar”. Esta adaptación sustituye a la momia de la reina egipcia por una bruja druida de origen céltico. Otra adaptación de la novela aparecería en 1997, coincidiendo con el centenario de Drácula con el título “La momia de Bram Stoker”.

“El amanecer de la momia” (1981) mezcla la figura de la momia con el cine de zombis. Un fotógrafo y sus modelos despiertan a una antigua momia y sus servidores muertos vivientes.

De 1998 es la historia “Talos la momia”, que si bien no tuvo tanto éxito como “La momia” estrenada al año siguiente presenta un relato de terror en la que un antiguo sacerdote maldito llamado Talos regresa a la vida, dedicándose a asesinar personas para recuperar las partes de su cuerpo. Este mismo año también aparecería “Trance” o “El eterno”, un remake de la película “La momia” de 1932.

La película “La momia” (1999) también guarda relación con la película de 1932. Aparece Imhotep, resucitado por el Pergamino de Thoth, y buscando a su amada Ankh-es-en-amon, pero a partir de estos elementos desarrolla una historia distinta. Generó dos secuelas “El regreso de la momia” (2001) y “La tumba del emperador dragón” (2008), y un spin-off con su secuela “El rey escorpión” (2002) y “El rey escorpión II” (2008). También dio lugar a una serie de animación en los años de 2000-2003 y se rumorea que habrá una cuarta secuela basada en el despertar de una momia azteca.

Del año 2002 es la comedia de horror negro “Bubba Ho-tep”, protagonizada por Bruce Campbell, que interpreta a Elvis Presley, situado en un asilo. Aunque la historia gira en torno a una antigua momia egipcia que aterroriza el asilo, Bubba Ho-tep también trata del tema de la vejez en una cultura que sólo valora la juventud.

En el año 2005 aparece “La legión de los muertos”, una película de serie B, también con una trama basada en “La joya de las siete estrellas”.

La momia como elemento paródico todavía sigue apareciendo en otras producciones recientes como “La universidad de Illinois contra una momia” (2006), que mezcla elementos de comedia y terror.

Más allá de las momias egipcias las momias precolombinas también han aparecido en las películas del género gótico azteca, que a menudo han tomado los clásicos del terror y los han adaptado con sus elementos culturales. La saga de Popoca, la momia azteca, está formada por “La momia azteca” (1957), “La maldición de la momia azteca” (1957), “El robot contra la momia azteca” (1958), y “Las luchadoras contra la momia azteca” (1964). Ese mismo año también apareció “El ataque de la momia maya”.

En el año 2007, como homenaje al cine gótico mexicano se estrenó “Mil Máscaras contra la momia azteca”, en la que aparece el legendario luchador mexicano y estrella de culto Mil Máscaras. Es la primera película en la que aparecen juntos los tres grandes luchadores de la lucha libre mexicana (El Santo, el Demonio Azul y Mil Máscaras).

Y como no podía ser de otra forma, una figura tan importante en la cultura popular, la literatura y el cine, terminaría llegando a los juegos de rol.

(continuará)

P.D. (del tío que pone las imágenes): aunque Magus no las mente, hay un par de películas de momias que nadie en su sano juicio debería perderse: “Santo contra las momias” (1971) y “El castillo de las momias de Guanajuato” (1972). Rectifico: nadie en su sano juicio debería perderse las películas del Santo; son una fuente de inspiración impagable.

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